Capítulo 1
El doctor en antropología Aurelio Jiménez Sánchez
estaba contento aquella mañana. Después de varios años luchando contra la Administración
había conseguido los fondos suficientes para investigar las cunetas de
alrededor del pueblo de sus antepasados.
Desde
pequeño había escuchado a sus padres contar los desmanes que cometieron las
tropas franquistas durante la guerra civil en la comarca. A pesar de que la
guerra no había pasado por aquella zona, al oeste de Aranda de Duero.
Los
paseíllos nocturnos habían sido frecuentes y muchos vecinos de aquellos pueblos
habían sido asesinados, fusilados en cunetas por el mero hecho de no comulgar
con las ideas del los sublevados. En el caso del hermano de su abuelo, por ser
un maestro de escuela que había manifestado públicamente que la iglesia tenía
que quedar fuera de las aulas.
Recordaba la
historia mil veces contada por su padre, que era un niño en aquella época, de
cómo varios vecinos armados, a las órdenes de un terrateniente local y
acompañados por el cura, fueron a su casa a buscarle, ya que vivía con ellos.
Le sacaron y
le montaron en un camión, junto con otros vecinos y ya nunca más se supo de él.
Le fusilaron y enterraron al borde de un camino a varios kilómetros del pueblo.
Junto a él, trabajadores del campo que habían mostrado sus simpatías hacia la
república y otro propietario rival del primero, que se hizo con sus tierras.
Su padre
siempre le decía que en aquella época la mayoría de los españoles no entendían
de política, pero que se vieron forzados por las circunstancias a tomar partido
por uno u otro bando, y que se cometieron muchos crímenes disfrazados de
represalia política, aunque los motivos fueran realmente otros.
Cuando
finalizó sus estudios realizó una tesis sobre la sociedad rural en la guerra
civil, llegando a la conclusión de que ésta no llegó de pleno al campesinado
español, pero sí sus consecuencias, que en el bando nacional se concretaron
sobre todo en un afianzamiento del poder de los terratenientes frente a la
represión de los peones.
Cuando se
aprobó la ley de Memoria Histórica, solicitó permiso al ayuntamiento donde
había sido fusilado su tío-abuelo para buscarlo, pero se encontró con la
negativa municipal para dar las autorizaciones pertinentes. Sin dar su brazo a
torcer, después de dos años de lucha en los tribunales, logró por fin las
concesiones.
Su caso se
hizo tan famoso que consiguió fondos de todo el país para financiar la
búsqueda, tanto que logró adquirir un georradar para poder investigar los
antiguos caminos del municipio. Gracias a aquel artilugio había conseguido
encontrar varias fosas comunes donde desenterraron varios cuerpos de la época
de la guerra civil.
Pero aquella
mañana estaban de enhorabuena. En una finca abandonada al norte del municipio
el georradar había dado con una fosa común importante, en la que al menos se
había constatado la presencia de una veintena de cuerpos. Era el descubrimiento
más importante de la región, y esa mañana iban a comenzar las labores de
exhumación de los cadáveres.
La finca
había pertenecido a una empresa de capital extranjero que había quebrado y el
administrador concursal había dado permiso para realizar los trabajos durante
un tiempo determinado, por lo que deberían darse prisa.
Empezaron
las excavaciones con ilusión. Había que retirar la capa superior de tierra para
llegar a los huesos, pero al hacerlo, apareció una capa blanca de un material
extraño. Uno de los voluntarios lo identificó como cal.
-
¿Por qué
habrían enterrado estos cuerpos en cal viva?
-
Es muy raro,
no tenían ninguna necesidad para hacerlo, ya que actuaban con total impunidad.
La
apreciación de Aurelio se basaba en lo que le había contado su padre. Además,
en todos los casos de cuerpos anteriores y en otras fosas comunes no se había
encontrado cal. Ordenó seguir excavando, hasta que se encontró el primer
cadáver. Aparecieron los huesos, pero ni rastro de ropa. Les habían enterrado
en cal viva y desnudos.
Aurelio
ordenó detener las labores de exhumación de aquella fosa y se reunió con los
voluntarios que le ayudaban, alumnos suyos en la universidad y vecinos de los
pueblos cercanos que también habían perdido a algún familiar en aquellos
paseíllos nocturnos.
-
Voy a mandar
detener la excavación, ya que esto es muy extraño.
-
Bueno,
también se trata de un caso interesante, digno de estudio por lo extraño.
-
Ya, pero es
que no es normal. No se han constatado casos de fosas comunes con
enterramientos en cal viva y con los cuerpos desnudos. Más que un asesinato
político, creo que se trata de otro tipo de crimen.
-
Yo no creo
que debamos detener las exhumaciones. Queramos o no, ahí están los cadáveres, y
deberíamos investigar.
-
¿Y si se
trata de otra cosa, de un caso más reciente? No somos forenses, podríamos estar
interfiriendo en una escena de un crimen, deberíamos poner esto en manos de las
autoridades.
-
Si lo hacemos,
vendrán con una excavadora y volverán a hacer desaparecer los cuerpos.
-
Vamos a
hacer lo siguiente. Voy a enviar un trozo de hueso a la universidad a que le
hagan un estudio de Carbono 14 y que lo daten. Si se corresponde con un cuerpo
de la época de la guerra civil, continuaremos la excavación, si no, lo
pondremos en manos de la policía.
El teniente Gutiérrez abrió el grueso expediente del
nuevo caso que le había sido asignado. Unos arqueólogos habían descubierto una
fosa común con 22 cadáveres. Al encontrarse circunstancias extrañas habían
hecho un análisis de Carbono 14 de uno de los huesos encontrados y la sorpresa
había sido que la antigüedad de los huesos era de apenas 3 años.
Guti era un
hombre práctico, por lo que fue a la última página del informe para descubrir
quién era el forense que había realizado el estudio. Se trataba del doctor Juan
Antonio Salvador González. Guti le recordaba de un caso que había investigado
años antes. Era un hombre muy competente y abierto, por lo que se decidió a
llamarle y concertar una cita con él.
El forense
le confirmó que le podría recibir a la mañana siguiente. Dejó de lado lo
referente a los cuerpos encontrados y se centró en la finca donde habían
aparecido. Se trataba de un terreno que pertenecía a una empresa que se
encontraba en proceso concursal desde 6 meses antes.
La finca era
muy extensa y se había dedicado a la práctica cinegética hasta 4 años antes.
Cuando se abandonó ese uso quedó abandonada. Buscó en internet una vista aérea
de la finca y comenzó a estudiarla. A un par de kilómetros hacia el norte se
veían una serie de construcciones.
En el
informe no se mencionaba nada sobre ellas, por lo que supuso que las
investigaciones se habían centrado únicamente en el lugar del hallazgo de la fosa
común. Cogió el teléfono y llamó a un joven ayudante que le habían asignado.
El sargento
Jesús Aranzabela hacía poco que había salido de la academia, y desde entonces
estaba a sus órdenes. Era muy competente y meticuloso, al contrario que Guti,
que era desordenado y poco amante de leerse largos informes como el expediente
que tenía delante.
El sargento
se presentó en el despacho de Guti. Ya había abandonado los aires marciales con
los que inicialmente había tratado a su superior y le manifestaba una mayor
cordialidad.
-
Siéntate,
Jesús. Nos han asignado un nuevo caso, sobre una fosa común que ha aparecido en
una finca cerca de Aranda de Duero. Han aparecido 22 muertos, todos varones.
-
No descarto
nada. No me he leído el informe del forense, y he quedado mañana con él. Podría
tratarse también de algún asunto de tráfico de inmigrantes, que alguien decidió
que debían finalizar su viaje. El caso es que han aparecido desnudos, sin
documentación, y enterrados en cal viva.
-
¿Cuándo fue
el asesinato?
-
Un
genocidio, más que asesinato, parece. Hace tres años. He localizado la finca en
fotografías aéreas y al parecer al norte hay unas construcciones que pertenecen
a la misma finca. La investigación de momento la han llevado los forenses y
sólo han trabajado donde aparecieron los cadáveres. Quiero que mañana vayas
hasta los edificios al norte e investigues a ver qué hay.
-
¿Tengo que
buscar algo en especial?
-
No lo sé. De
momento haz una primera inspección, a ver qué encuentras. Cuando vuelvas nos
reuniremos para ver qué pistas aparecen.
Cuando
despidió al sargento Aranzabela se puso en contacto con una veterana teniente
que trabajaba también con él. Aquella mujer no se manejaba bien en las labores
de campo, pero en cambio, era una excelente documentalista. En vez de llamarla
a su despacho, le dijo que se pasaría por el de ella.
Apuntó en un
papel el nombre de la empresa a la que pertenecía la finca, ERA Export, y salió
de su despacho, atravesando la zona de puestos diáfanos por el pasillo central
hasta el de la teniente Magdalena Argüelles. Entró en él sin llamar saludando a
su compañera cordialmente. A pesar de que se trataba de una veterana policía,
mucho mayor que Guti, la relación entre ambos era muy buena.
-
Magui, ¿Qué
tal estás? Te veo guapísima esta mañana
-
Alex,
cariño, cuando un hombre de tu edad entra en el despacho de una señora entrada
en años y kilos adulándola, ésta sabe que le van a pedir algo.
-
¿Kilos? ¿Qué
kilos? Una mujer de generosas formas.
-
Y si el
hombre insiste en la adulación, lo que le va a pedir es algo muy gordo.
-
Jaja, eres
un encanto, recuérdame que te lleve a bailar un fin de semana de éstos.
-
¿Qué
quieres, Alex? – Magdalena era la única persona en el trabajo que le llamaba
por su nombre, ya que todo el mundo le conocía como Guti.
-
Quiero que
me investigues esta empresa – dijo entregándole el papel con el nombre
apuntado.
La teniente
Argüelles tecleó el nombre en ordenador y apareció un informe económico. Pero
los datos eran muy escasos. Apenas las facturaciones de los últimos años y cómo
había presentado un proceso concursal el último año.
-
Esto no me
cuadra mucho. Esta empresa ha facturado cientos de millones de euros hasta hace
tres años. Desde entonces la facturación ha sido prácticamente nula, y ha
presentado el concurso de acreedores sin apenas deudas. Esto es muy raro
-
Porque
podían haber liquidado directamente la empresa, sin pasar por el juzgado.
Parece como si la empresa hubiera cesado su actividad hace tres años. No
entiendo por qué no se ha liquidado sin más.
-
Mira a ver a
qué se dedicaba.
-
A ver –
indagó en el ordenador hasta que salió lo que buscaba – Al parecer su objeto
principal era la importación y exportación de mercancías entre Rusia, Europa y
Arabia Saudí.
-
No, tendré
que investigar más. Dame un par de días, que ando muy liada y me meto con ello.
-
Eres un
encanto, te esperaré.
Y hasta aquí puedo leer si deseas continuar, pincha este enlace