sábado, 7 de febrero de 2015

Expediente clasificado

Capítulo 1
El doctor en antropología Aurelio Jiménez Sánchez estaba contento aquella mañana. Después de varios años luchando contra la Administración había conseguido los fondos suficientes para investigar las cunetas de alrededor del pueblo de sus antepasados.
Desde pequeño había escuchado a sus padres contar los desmanes que cometieron las tropas franquistas durante la guerra civil en la comarca. A pesar de que la guerra no había pasado por aquella zona, al oeste de Aranda de Duero.
Los paseíllos nocturnos habían sido frecuentes y muchos vecinos de aquellos pueblos habían sido asesinados, fusilados en cunetas por el mero hecho de no comulgar con las ideas del los sublevados. En el caso del hermano de su abuelo, por ser un maestro de escuela que había manifestado públicamente que la iglesia tenía que quedar fuera de las aulas.
Recordaba la historia mil veces contada por su padre, que era un niño en aquella época, de cómo varios vecinos armados, a las órdenes de un terrateniente local y acompañados por el cura, fueron a su casa a buscarle, ya que vivía con ellos.
Le sacaron y le montaron en un camión, junto con otros vecinos y ya nunca más se supo de él. Le fusilaron y enterraron al borde de un camino a varios kilómetros del pueblo. Junto a él, trabajadores del campo que habían mostrado sus simpatías hacia la república y otro propietario rival del primero, que se hizo con sus tierras.
Su padre siempre le decía que en aquella época la mayoría de los españoles no entendían de política, pero que se vieron forzados por las circunstancias a tomar partido por uno u otro bando, y que se cometieron muchos crímenes disfrazados de represalia política, aunque los motivos fueran realmente otros.
Cuando finalizó sus estudios realizó una tesis sobre la sociedad rural en la guerra civil, llegando a la conclusión de que ésta no llegó de pleno al campesinado español, pero sí sus consecuencias, que en el bando nacional se concretaron sobre todo en un afianzamiento del poder de los terratenientes frente a la represión de los peones.
Cuando se aprobó la ley de Memoria Histórica, solicitó permiso al ayuntamiento donde había sido fusilado su tío-abuelo para buscarlo, pero se encontró con la negativa municipal para dar las autorizaciones pertinentes. Sin dar su brazo a torcer, después de dos años de lucha en los tribunales, logró por fin las concesiones.
Su caso se hizo tan famoso que consiguió fondos de todo el país para financiar la búsqueda, tanto que logró adquirir un georradar para poder investigar los antiguos caminos del municipio. Gracias a aquel artilugio había conseguido encontrar varias fosas comunes donde desenterraron varios cuerpos de la época de la guerra civil.
Pero aquella mañana estaban de enhorabuena. En una finca abandonada al norte del municipio el georradar había dado con una fosa común importante, en la que al menos se había constatado la presencia de una veintena de cuerpos. Era el descubrimiento más importante de la región, y esa mañana iban a comenzar las labores de exhumación de los cadáveres.
La finca había pertenecido a una empresa de capital extranjero que había quebrado y el administrador concursal había dado permiso para realizar los trabajos durante un tiempo determinado, por lo que deberían darse prisa.
Empezaron las excavaciones con ilusión. Había que retirar la capa superior de tierra para llegar a los huesos, pero al hacerlo, apareció una capa blanca de un material extraño. Uno de los voluntarios lo identificó como cal.
-          ¿Por qué habrían enterrado estos cuerpos en cal viva?
-          Es muy raro, no tenían ninguna necesidad para hacerlo, ya que actuaban con total impunidad.
La apreciación de Aurelio se basaba en lo que le había contado su padre. Además, en todos los casos de cuerpos anteriores y en otras fosas comunes no se había encontrado cal. Ordenó seguir excavando, hasta que se encontró el primer cadáver. Aparecieron los huesos, pero ni rastro de ropa. Les habían enterrado en cal viva y desnudos.
Aurelio ordenó detener las labores de exhumación de aquella fosa y se reunió con los voluntarios que le ayudaban, alumnos suyos en la universidad y vecinos de los pueblos cercanos que también habían perdido a algún familiar en aquellos paseíllos nocturnos.
-          Voy a mandar detener la excavación, ya que esto es muy extraño.
-          Bueno, también se trata de un caso interesante, digno de estudio por lo extraño.
-          Ya, pero es que no es normal. No se han constatado casos de fosas comunes con enterramientos en cal viva y con los cuerpos desnudos. Más que un asesinato político, creo que se trata de otro tipo de crimen.
-          Yo no creo que debamos detener las exhumaciones. Queramos o no, ahí están los cadáveres, y deberíamos investigar.
-          ¿Y si se trata de otra cosa, de un caso más reciente? No somos forenses, podríamos estar interfiriendo en una escena de un crimen, deberíamos poner esto en manos de las autoridades.
-          Si lo hacemos, vendrán con una excavadora y volverán a hacer desaparecer los cuerpos.
-          Vamos a hacer lo siguiente. Voy a enviar un trozo de hueso a la universidad a que le hagan un estudio de Carbono 14 y que lo daten. Si se corresponde con un cuerpo de la época de la guerra civil, continuaremos la excavación, si no, lo pondremos en manos de la policía.


Capítulo 2
El teniente Gutiérrez abrió el grueso expediente del nuevo caso que le había sido asignado. Unos arqueólogos habían descubierto una fosa común con 22 cadáveres. Al encontrarse circunstancias extrañas habían hecho un análisis de Carbono 14 de uno de los huesos encontrados y la sorpresa había sido que la antigüedad de los huesos era de apenas 3 años.
Guti era un hombre práctico, por lo que fue a la última página del informe para descubrir quién era el forense que había realizado el estudio. Se trataba del doctor Juan Antonio Salvador González. Guti le recordaba de un caso que había investigado años antes. Era un hombre muy competente y abierto, por lo que se decidió a llamarle y concertar una cita con él.
El forense le confirmó que le podría recibir a la mañana siguiente. Dejó de lado lo referente a los cuerpos encontrados y se centró en la finca donde habían aparecido. Se trataba de un terreno que pertenecía a una empresa que se encontraba en proceso concursal desde 6 meses antes.
La finca era muy extensa y se había dedicado a la práctica cinegética hasta 4 años antes. Cuando se abandonó ese uso quedó abandonada. Buscó en internet una vista aérea de la finca y comenzó a estudiarla. A un par de kilómetros hacia el norte se veían una serie de construcciones.
En el informe no se mencionaba nada sobre ellas, por lo que supuso que las investigaciones se habían centrado únicamente en el lugar del hallazgo de la fosa común. Cogió el teléfono y llamó a un joven ayudante que le habían asignado.
El sargento Jesús Aranzabela hacía poco que había salido de la academia, y desde entonces estaba a sus órdenes. Era muy competente y meticuloso, al contrario que Guti, que era desordenado y poco amante de leerse largos informes como el expediente que tenía delante.
El sargento se presentó en el despacho de Guti. Ya había abandonado los aires marciales con los que inicialmente había tratado a su superior y le manifestaba una mayor cordialidad.
-          Siéntate, Jesús. Nos han asignado un nuevo caso, sobre una fosa común que ha aparecido en una finca cerca de Aranda de Duero. Han aparecido 22 muertos, todos varones.
-          ¿Un ajuste de cuentas?
-          No descarto nada. No me he leído el informe del forense, y he quedado mañana con él. Podría tratarse también de algún asunto de tráfico de inmigrantes, que alguien decidió que debían finalizar su viaje. El caso es que han aparecido desnudos, sin documentación, y enterrados en cal viva.
-          ¿Cuándo fue el asesinato?
-          Un genocidio, más que asesinato, parece. Hace tres años. He localizado la finca en fotografías aéreas y al parecer al norte hay unas construcciones que pertenecen a la misma finca. La investigación de momento la han llevado los forenses y sólo han trabajado donde aparecieron los cadáveres. Quiero que mañana vayas hasta los edificios al norte e investigues a ver qué hay.
-          ¿Tengo que buscar algo en especial?
-          No lo sé. De momento haz una primera inspección, a ver qué encuentras. Cuando vuelvas nos reuniremos para ver qué pistas aparecen.
Cuando despidió al sargento Aranzabela se puso en contacto con una veterana teniente que trabajaba también con él. Aquella mujer no se manejaba bien en las labores de campo, pero en cambio, era una excelente documentalista. En vez de llamarla a su despacho, le dijo que se pasaría por el de ella.
Apuntó en un papel el nombre de la empresa a la que pertenecía la finca, ERA Export, y salió de su despacho, atravesando la zona de puestos diáfanos por el pasillo central hasta el de la teniente Magdalena Argüelles. Entró en él sin llamar saludando a su compañera cordialmente. A pesar de que se trataba de una veterana policía, mucho mayor que Guti, la relación entre ambos era muy buena.
-          Magui, ¿Qué tal estás? Te veo guapísima esta mañana
-          Alex, cariño, cuando un hombre de tu edad entra en el despacho de una señora entrada en años y kilos adulándola, ésta sabe que le van a pedir algo.
-          ¿Kilos? ¿Qué kilos? Una mujer de generosas formas.
-          Y si el hombre insiste en la adulación, lo que le va a pedir es algo muy gordo.
-          Jaja, eres un encanto, recuérdame que te lleve a bailar un fin de semana de éstos.
-          ¿Qué quieres, Alex? – Magdalena era la única persona en el trabajo que le llamaba por su nombre, ya que todo el mundo le conocía como Guti.
-          Quiero que me investigues esta empresa – dijo entregándole el papel con el nombre apuntado.
La teniente Argüelles tecleó el nombre en ordenador y apareció un informe económico. Pero los datos eran muy escasos. Apenas las facturaciones de los últimos años y cómo había presentado un proceso concursal el último año.
-          Esto no me cuadra mucho. Esta empresa ha facturado cientos de millones de euros hasta hace tres años. Desde entonces la facturación ha sido prácticamente nula, y ha presentado el concurso de acreedores sin apenas deudas. Esto es muy raro
-          ¿Por qué?
-          Porque podían haber liquidado directamente la empresa, sin pasar por el juzgado. Parece como si la empresa hubiera cesado su actividad hace tres años. No entiendo por qué no se ha liquidado sin más.
-          Mira a ver a qué se dedicaba.
-          A ver – indagó en el ordenador hasta que salió lo que buscaba – Al parecer su objeto principal era la importación y exportación de mercancías entre Rusia, Europa y Arabia Saudí.
-          ¿No hay más pistas?
-          No, tendré que investigar más. Dame un par de días, que ando muy liada y me meto con ello.
-          Eres un encanto, te esperaré.


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